El papa Francisco viaja este domingo a Hungría y Eslovaquia, dos de los países que han cerrado sus puertas a la inmigración afgana, para ir en defensa de los refugiados con un mensaje que se ha convertido en uno de los símbolos de su pontificado.

El último domingo el papa Francisco pedía desde la plaza de San Pedro, que los países acogieran a los afganos que huyen de su país en busca de refugio y se reunía con algunos de ellos llegados a Italia, mientras Eslovaquia y Hungría, se mostraba, junto con otros países de la Unión Europea, en contra de la acogida de los que escapan al poder de los talibanes.

Así comienza el viaje internacional del papa, que sólo pasará unas horas en Hungría para oficiar la misa de clausura del Congreso Eucarístico, ya que no se ha organizado una visita oficial al país, lo que evidencia las divergencias entre el pontífice y la política soberanista y antimigración del primer ministro, Viktor Orbán.

El pontífice ha insistido en todos sus discursos en la necesidad de la acogida de migrantes, en la medida de las posibilidades de cada país, y en varias entrevistas se ha mostrado preocupado por los mensajes soberanistas que se escuchan en Europa y “se parecen a los de Hitler en 1934” mencionó en uno de sus sermones.